"No hay reserva de asiento. Las colas para embarcar, por tanto, se eternizan porque las parejas y familia quiere asegurarse plazas libres contiguas, y todo el mundo quiere entrar el primero para elegir. Si a eso unimos, la poca precisión en la hora de embarque, y la ausencia total de información sobre retrasos que tiene lugar quince minutos antes de la salida del avión, con cambio de terminal incluido, nos encontramos con que la espera, en rigurosa cola de embarque, dura más de dos horas. Un insulto para el pasajero."